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Jose Miguel Oláiz. Perdemos la dignidad cuando nos pisamos a nosotros mismos

Tiene 60 años y colabora con el París 365 desde hace poco más de cinco meses, pero Jose Miguel Oláiz ya ha conseguido hacerse un hueco entre importantes y necesarias labores de la Fundación Gizakia Herritar/Paris 365. Estos son los porqués que le hicieron llegar hasta aquí. También los que le mantienen.

Jose Miguel Oláiz

“Perdemos la dignidad cuando nos pisamos a nosotros mismos”

Andrea Gurbindo

Tiene 60 años y colabora con el París 365 desde hace poco más de cinco meses, pero Jose Miguel Oláiz ya ha conseguido hacerse un hueco entre importantes y necesarias labores de la Fundación Gizakia Herritar/Paris 365. Estos son los porqués que le hicieron llegar hasta aquí. También los que le mantienen.

¿Desde cuándo y por qué colaborar con el París 365, Jose Miguel?
Tuve la entrevista del voluntariado en noviembre del año pasado porque me jubilé y pasé de no tener tiempo a tenerlo. Quería que parte de ese tiempo disponible fuese para dedicar a los compromisos que yo creía que debía asumir.

Y en esa entrevista, ¿cuáles dices que son los motivos que explican tu llegada a la Fundación?

Eso es lo más complicado de explicar. Por un lado uno cree en la dignidad de las personas y que es lo último que se tiene que perder. Yo creo que es donde podríamos ser solidarios con los que están a punto de perderla, ya que han perdido todo lo demás debido a las políticas que tenemos los últimos años. Donde se está destruyendo el estado de bienestar y lo único que le queda, a una parte de la población, es la dignidad. Además, este proyecto me gustaba.

Qué conocías hasta entonces de él.

Básicamente el comedor. Luego, debido a que un compañero del trabajo también estaba metido, amplias el horizonte de lo que se estaba haciendo. Y eso es lo que me decidió.

No sé si te sorprendió, al llegar al París 365, darte cuenta de que no sólo es un comedor.
Es sorprendente en el aspecto de que no es conocido. El comedor sí se conoce pero el resto de las cosas que se hacen e incluso lo que lleva detrás el comedor, es desconocido.

Hasta entonces, ¿a qué te dedicabas?
Yo toda mi vida he sido técnico en emergencias. Trabajaba en SOS Navarra, el 112, y siempre he pivotado mi vida profesional con la coordinación de la respuesta a estas emergencias. Y me ha absorbido mi tiempo. Soy uno de los privilegiados, entre comillas, que me he podido jubilar a los 60 con una pensión digna y todo ese tiempo o parte de él he querido dedicarlo un poco a los demás.

¿Tenías claro ya entonces que ibas a dedicar este tiempo a un proyecto social o surgió de repente?
No tenía ningún miedo de jubilarme. Podía haber elegido seguir trabajando, pero siempre he pensado que he sido un privilegiado en mi trabajo y que me ha gustado y creo que he dado lo que he podido. Pero tenía muy claro que a los 60, que podía jubilarme, dejaba paso al resto del mundo y que yo me dedicaba a los compromisos que me daba la gana a mí.

No sé si podemos conocer alguno de esos otros compromisos.
Siempre me ha gustado el monte, aunque ahora he pasado a hacer excursiones y a vivir la vida sin horarios ni presiones de trabajo. También dedicarme a los míos. A mis amigos, familia. Y un poco de tiempo a los demás.

¿Podrías relacionar, de alguna forma, el que fue tu trabajo con la solidaridad?

En el tema de urgencias, sí que ves la desesperación de las personas. Pero ocurre más en momentos puntuales de emergencia. Puedes llegar a ver personas más desvalidas pero no existe una continuidad. Son situaciones distintas y la respuesta tiene que ser más emergente y más rápida para sacar eso adelante. Esto, sin embargo ha ido creciendo poco a poco y la respuesta tiene que ser meditada y más lenta. Para que podamos llegar a no ser necesarios, la respuesta tiene que durar en el tiempo. Es decir, de alguna forma cambia el carril de la velocidad con la que hay que responder a esas necesidades.

¿Cuál es tu función dentro del París 365?

Estoy en lo que es recepción, que supone atender el teléfono y colaborar en la coordinación de todos los elementos. Controlar las llaves de los locales, actualizar listas de diversas oficinas, tomar nota de todas las donaciones y distribuir a los voluntarios y usuarios. Un poco la agenda de todo lo que sería la Fundación y controlar esas cosas que van pasando de mano en mano. Ayudar también un poco en la parte administrativa...

Tiene miga lo que cuentas porque, ¿quién se acerca hasta las puertas de la Fundación Gizakia Herritar?

Hay de todo un poco. Físicamente suele llegar bastante usuario que quiere enterarse de cursos y movimientos. También nuevos usuarios que quieren entrar dentro de los proyectos del comedor. Por otro lado también llegan personas que quieren pasar a ser socios con una cantidad de dinero tanto mensual como con donaciones concretas. Y personal que quiere ser voluntario. Puntualmente, todo lo que tiene que ver con donaciones de alimentos, etc.

Te habrá tocado ver alguna historia que te haya tocado personalmente.

Anécdota no tengo ninguna, pero sí que hay cosas que afectan. Porque cuanto más mayor se hace uno, más le toca sentimentalmente. Historias en general. Porque nosotros no recibimos el 100% de esas situaciones que llegan. Somos el primer eslabón de la cadena. Pero sí que hay momentos en los que esa sensibilidad se queda tocada.

Desde que el París 365 entró en funcionamiento dejó claro que nacía con la intención de desaparecer. ¿Qué te parece esa política?
Es una de las cosas que me enganchan. Porque supone que no debería ser necesario. El problema es que cada vez lo es más. Pero la política de desaparecer, me parece perfecta. Ojalá pudiéramos decir que mañana cerramos. El problema es que ahora va todo a peor. Y es gracias a estas políticas y este Gobierno. Cada vez hay más gente que tiene unas necesidades que cubrir para no perder esa dignidad como persona.

¿En qué consiste la dignidad, Jose Miguel?
Eso es difícil de explicar. No sé cómo definirlo. Sería el no llegar nunca a pensar que uno no vale para nada, que uno es una mierda en este mundo. Y cambiarlo por pensar que vale para algo. La dignidad de una persona es clave. Has podido perder muchas cosas y estar en una situación mala, pero cuando te pisas a ti mismo, estás perdiendo esa dignidad de la que hablo. En el momento que te dejas y te machacas, es cuando la pierdes.

¿Qué piensas a cerca de la respuesta social para con las necesidades de la calle?

Creo que eso depende de cada uno. Hay quien dice que todo esto tendría que solucionarlo el gobierno, pero ¿mientras qué? Tiene que ser una respuesta que se compagine: la solidaridad que tenemos cada uno de nosotros y el luchar frente a la Administración mediante el voto. Es ahí donde tendríamos que quejarnos y pedir una solución y dar la parte que nos corresponde a nosotros como ciudadanos. Que es esa solidaridad para que nadie esté bajo esa línea roja que ya hemos sobrepasado hace tiempo.

¿Crees que falta un acercamiento a esta realidad?

Bueno, yo he estado dentro del proyecto de la sopa caliente. Y ahí descubres ese contacto personal con gente que está en la calle. De tú a tú. Y lo que más necesita es simplemente conversación, que les escuchen. Y eso te cambia un poco la visión de esta situación. Una cosa son las necesidades básicas, pero también tenemos que centrarnos en esa relación. Descubres que existe un mundo detrás de cada uno y que cada uno es un mundo distinto. Toda esta gente no te está pidiendo nada, aunque te ponga la mano para que le eches una moneda, pero con ser escuchados y con saber que puede hablar de tú a tú contigo, creo que le vale. Bueno, a mí me vale.

¿Qué te aporta a ti el París 365?

No sabría explicar lo que me aporta. Desde luego que tranquilidad mental, no. Todo lo contrario. Me aporta satisfacción. Me aporta ver el mundo bajo otro prisma y ser consciente de que no me puedo quejar de nada. No mientras haya gente en otra situación. También me aporta preocupación y mala leche porque estás viendo que está situación es debida a la mala gestión de los administradores de esta comunidad. Te aporta esa mala leche para, no solo colaborar aquí, sino también protestar al otro lado. Estas no son las políticas que se necesitan.

Ese prisma del que hablas, ¿ha cambiado desde noviembre del año pasado hasta hoy?
Siempre hay un pequeño cambio, pero porque palpas más la realidad. No ha sido grande, pero me ha cambiado en el sentido de que antes eran sensaciones y ahora tengo realidades. Ahora puedo hablar y discutir con conocimiento de causa. Se trata de un juicio más directo de todo lo que está pasando.
 

Itxi