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Pedirle a alguien que busque empleo con el estómago vacío es puro discurso

El comedor social París 365 acaba de cumplir 5 años de vida. Durante este tiempo, ha ofrecido casi 135.000 comidas a más de 2.000 personas. “Dicen que la crisis ha tocado fondo, pero está por ver. Hoy hace falta el París más que nunca”, aseguran.

AINHOA PIUDO. Diario de Navarra. 10 de julio de 2014.

El Comedor Social París 365 acaba de cumplir 5 años de vida. Durante este tiempo, ha ofrecido casi 135.000 comidas a más de 2.000 personas. “Dicen que la crisis ha tocado fondo, pero está por ver. Hoy hace falta el París más que nunca”, aseguran.

Patxi Lasa Aristu, presidente de la Fundación Gizakia Herritar, a la que pertenece el comedor social París 365, y Eliana Alemán Salcedo, gerente y coordinadora de proyectos, hacen un balance conjunto de la andadura del comedor  en su quinto aniversario.

¿Hay que cantarles el cumpleaños feliz o debemos lamentar que su labor siga siendo necesaria?

Eliana Alemán. Nosotros existimos porque hay necesidades. ¿Cuánto más va a durar el París? En la medida que existan esas necesidades. Hoy es la alimentación,  pero mañana puede ser otra, porque se están dando procesos de cronificación de exclusión social. Siempre estamos en un proceso de revisión constante. Tenemos muy asumido que el problema no es cuánto duremos, sino que mientras estemos, seamos capaces de atender a la gente.

Patxi Lasa. En la primera rueda de prensa que dimos dijimos que nacíamos con voluntad de desaparecer, y sigue siendo un objetivo de la fundación. Pero han pasado 5 años y hoy hace falta el París más que nunca, por la cantidad de personas que precisan de una serie de recursos que no están resueltos por las instituciones. Dicen que estamos tocando fondo con la crisis, pero todavía está por ver. En cualquier caso, la crisis va a dejar secuelas graves, colectivos sin respuesta.

¿Ustedes ven el final del túnel?

P.L.
Lo que nosotros vemos es que ya no tenemos un crecimiento anual de demandas del 20%, como ocurría otros años. Pero nuestras instalaciones siguen estando al 100% de ocupación y con lista de espera.

E.A. El incremento se mantiene, pero a menor ritmo, al 2% o 3%. Pero hay un matiz, y es que hay otras organizaciones trabajando, más que al inicio de la crisis.

¿Qué les parece que en Navarra no vayan a abrir los comedores escolares en verano?

P.L. La única posición que podemos tener es que se abran para garantizar que no haya ni un solo niño, ni una sola familia, que tenga o pueda tener un problema de nutrición.

E.A. No es cuestión sólo de los escolares. En Extremadura ya hicieron la valoración, y hay colectivos que critican que las familias se quedan en la puerta, y también tienen hambre. Siempre hay que ir un paso más allá.

¿Perciben críticas a su modelo de atención por asistencialista?


E.A. Creo que a veces mezclamos dos discusiones. Si la gente tiene hambre tenemos que darle de comer, y no nos da miedo que nos tachen de asistencialistas. Sí, hacemos asistencia. A partir de ahí, es cuestión de enfoque. Mientras resolvemos esa necesidad urgente, podemos pensar en el resto de cosas. Lo que está claro es que pedirle a alguien con el estómago vacío que busque activamente empleo, que se empodere, no es posible. Es mero discurso y nada más. A veces caemos en discusiones académicas que no dejan emerger realmente la situación.

Cuando empezamos, había debate sobre si debían existir o no comedores sociales. Cinco años después hay tres, no porque nos hayan copiado, sino porque hay una necesidad real.

P.L. Cuando alguien te mira a la cara y te dice que no ha comido en dos días, no le puedes responder: vete a las instituciones que te den de comer. Intentamos resolver esa emergencia. Es un debate que está incluso dentro de las entidades sociales, y que es un poco absurdo. Estamos absolutamente de acuerdo con que tienen que existir unos servicios públicos de calidad y gratuitos para atender necesidades básicas. Pero, ¿y mientras tanto?

¿Cómo es su relación con las administraciones?

P.L. De amor y odio. Bipolar. No puede ser de otra manera. Este año, el comedor como tal no ha recibido ninguna ayuda. Eso es vergonzoso. Sin embargo, no tenemos malas relaciones con los técnicos, o con los interlocutores políticos. En el día a día, somos conscientes de que para ser útiles al usuario tenemos que interactuar con ellos. Nuestras ofertas de diálogo son continuas.

E.A.
No somos una organización que haga o deje de hacer en función de una subvención, para buscar la ayuda pública. Si nosotros vemos una necesidad, la atendemos. La administración tendrá que valorar si estamos o no entre sus prioridades.

P.L.
Lo que le echamos en cara a las instituciones es que no nos encontramos con administraciones que tengan como prioridad a las personas al 100%, resolver estas necesidades y crear una sociedad  más igualitaria.

E.A. Todos parece que descubrieran las cosas cuando llegan. Ahora se ha puesto de moda la pobreza energética, un discurso que a nosotros nos suena viejo. Si tenemos un comedor es porque sabemos que hay muchas personas que, aunque les repartas alimentos, no los pueden cocinar.

¿Esta distancia con la calle depende del color político de quien gobierna?

P.L.
Hay matices, diferencias, pero es evidente que todos hacen mucho menos de lo que debieran.

E.A. También es cuestión de la burocracia de la administración,  de su lentitud.

P.L.
Hay cuestiones que son terriblemente lentas, ineficaces. Cuando surgen momentos de emergencia, hay que dar respuestas inmediatas. ¿Por qué no se hacen gabinetes de crisis para resolver el problema de la pobreza?

¿La burocracia es el mayor escollo con el que se topan?

P.L. La burocracia influye mucho, pero lo que más pesa es la falta de recursos, porque las prioridades son otras. También las luchas partidistas, la falta de capacidad de consenso y de diálogo.

E.A. Por hablar de algo concreto, a modo de ejemplo. En las pasadas elecciones, a instancias de este periódico, se hizo una comida en el comedor a la que se invitó a políticos de todos los partidos. Comieron con usuarios que les contaron las situaciones que estaban atravesando. A todos les pareció genial la idea de llegar a un acuerdo contra la pobreza y volver a encontrarse después de las elecciones. Hasta ahí, nunca más se supo de ninguno de ellos. De ninguno.

¿Qué interpretación hacen?

P.L.
Viven en su caparazón, en su realidad particular, en sus reuniones, sus votos y su imagen ante la prensa. Pero en realidad, siguen sin entender que lo primero que tienen que hacer es trabajar en favor de las personas. La gran mayoría han perdido el contacto con la realidad. A nosotros, lo que nos sigue estremeciendo son las historias de la gente que pasa por aquí. ¿Quién estremece a los políticos?

E.A. Creo que hay cosas que deberían superar las barreras partidistas, pero su medida es cómo mantenerse 4 años más o cómo lograr que haya un relevo.

¿Tienen la sensación de que han logrado conectar más con la sociedad que con el poder?

E.A. En una época de crisis tan generalizada, ¿quién puede decir que no le ha tocado de alguna manera? El venir aquí a hacer una cosa concreta responde a ese sentimiento de ‘tengo que hacer algo’. La ciudadanía opera con bastante sentido común.

P.L.
Creo que hemos conectado muy bien con la ciudadanía porque nos ven hacer cosas concretas. Eso es muy importante. Tenemos una base social bastante amplia. Aquí hay desde simpatizantes o militantes de UPN hasta simpatizantes o militantes de Bildu. Igual alguien se escandaliza con lo que estoy diciendo, pero todos colaboran sirviendo mesas, o en trabajos de limpieza … ¿Por qué eso es posible en una entidad y fuera no son capaces de buscar esos acuerdos de emergencia por encima de todo?

¿No hay debate político?


No, no lo hay. Solamente hemos tenido un problema, una vez muy puntual.

¿Qué ocurrió?

P.L. Fue unos Sanfermines que pusimos un partido de fútbol de la selección española. Creo que jugaba contra Colombia. Nos salieron un par de chavales de Bildu diciendo qué cómo podíamos ponerlo. Lo pusimos porque había gente a la que le apetecía. En 5 años, ese ha sido el único incidente que ha habido.

E.A.
Los únicos que lo vieron fueron los vendedores senegaleses que no tenían ningún otro sitio donde seguirlo.

¿Y esas ideologías distintas no condicionan su acción diaria, sus objetivos?

No, en absoluto.

En estos 5 años, ¿qué ‘mea culpa’ entonarían?

P.L. Creo que en lo fundamental, en la estrategia, no nos hemos equivocado. Hemos sido una herramienta muy práctica y muy resolutiva. ¿Que podíamos haber mejorado algunas cosas? Claro. Pero las decisiones más fuertes que hemos tenido que tomar las hemos tomado acertadamente.
Eso sí, ha habido debates fuertes dentro de la fundación.

¿Por ejemplo?

P.L. ¿Podemos colaborar con el Corte Inglés para la búsqueda de financiación, sabiendo que un sector de la sociedad está en contra de todo lo que pasó, de la presunta cesión de terrenos, etc.? Es un debate legítimo, y como persona cada cual tomará postura. Pero el París como París colabora con cualquier entidad en la que el beneficiario sea el usuario, siempre y cuando no cedamos ni un milímetro en los objetivos de la fundación.

Hubo también otra decisión muy polémica.

¿Cuál?


Tuvimos que rescindir el contrato a dos cocineros en 2012. Fue una decisión muy dura. Nos equivocamos por no haber exigido a los propios trabajadores de la Fundación un compromiso. al 100%, con los valores de la propia fundación. Aplazamos el tema pensando que esas personas iban a cambiar, que era posible darles otra oportunidad. No teníamos un protocolo cerrado para haber previsto esa situación.

E.A.
Fue un momento muy crítico. El proceso se debió gestionar de otra manera. Por otro lado, por poner otro punto de autocrítica, cuando llegas a tantas personas (voluntarios, socios, etc.), a veces no tienes capacidad para atender a todo el mundo como se debiera. Hay gente que se resiente. No lo hacemos todo bien, fundamentalmente, por un problema de capacidad operativa, pero eso no es justificación. Es una cosa que tenemos que revisar.

¿Cuántos socios y voluntarios tiene París 365?


P.L. Entre 700 y 800 voluntarios, y 500 socios.

¿Con qué plantilla cuenta?


P.L. La plantilla de estructura, la de mínimos, son 5 personas. Aparte, hay otras personas que entran en función de convocatorias que pueda sacar el Gobierno de Navarra, por necesidades puntuales, etc., pero no forman parte de la estructura fija. Tenemos tres niveles salariales y el 85% de la plantilla cobra unos 1.200 euros netos al mes, con 14 pagas. A los cocineros se les aplica el convenio provincial de hostelería. Además, hay un grupo de 20 ó 30 personas que participan en grupos de trabajo, que está dos o tres días en la Fundación y no cobran nada.

Tampoco yo, ni el resto de miembros del patronato. Yo no cobro ni una peseta, ni tengo Visa, ni tengo nada. Vivo de mi pensión.

¿Cuál es el presupuesto anual?

P.L. Este año, unos 600.000 euros.

E.A. El 70% son fondos propios yel 30%, financiación ajena. Dentro de ese 30%, la mitad aproximadamente viene de convocatorias del Gobierno de Navarra, y la otra mitad, de obra social de entidades financieras.

Ese 70% que menciono es, básicamente, buscarnos la vida. Las cuotas de los socios suponen unos 50.000 euros, las donaciones de particulares unos 200.000 euros. También hay donaciones de empresas. Y el resto es estar los 365 días buscando cómo buscar pelas.

¿Pero tiene sentido una entidad que dedique tanto esfuerzo a obtener financiación sólo para sobrevivir?


P.L. Una organización que sólo aspire a mantener los gastos de su propia estructura no es lo que yo quiero para el París 365, no tiene sentido. Habría que ser autocrítico por parte de algunas entidades sociales si después de tantos años sus resultados han sido garantizar esa estructura. Ha habido muy poca creatividad. Es muy fácil ir siempre a la administración a pedir, a que te resuelva.

Y claro que se pierden energías buscando dinero. En el París 365 ahora mismo estamos agotados.

¿No dan abasto?

No. Necesitaríamos una plantilla de al menos 2,5 personas más para no trabajar más de 8 ó 9 horas al día. Pero si no dedicas tiempo y esfuerzo a buscar recursos tu acción está absolutamente limitada.

Este año tenemos 260.000 euros de presupuesto para el comedor, que atiende a 400 personas todos los meses.

Ustedes no han optado al Sello Socialmente Comprometido.


P.L. No todavía, pero probablemente entraremos. Es un debate que está ahí.

E.A. Que los particulares que nos hacen donaciones se puedan desgravaren una mayor proporción nos parece bien, aunque es cierto que hay un gran porcentaje al que le da igual si desgrava o no desgrava.

También nos parece positivo que el Sello exige más transparencia, más control. A partir de ahí pueden surgir otras polémicas, como que se oriente la donación de los particulares o que venga a sustituir en vez de a complementar el dinero que deben destinarlas administraciones.

P.L. Es muy fácil criticar el Sello por no querer comprometerte a que te revisen tus cuentas. Es fácil cuando tienes garantizada tu financiación porque perteneces a una estructura vinculada a empresas, instituciones u organizaciones religiosas que te garantizan el 100% de tu presupuesto.

¿Su cambio de ubicación a los nuevos locales ha llamado la atención?

P.L
. Sí, ha llamado la atención. En el 95% de los casos, los comentarios han sido positivos.

¿Ese otro 5% son comentarios malintencionados?

P.L. Sí, el típico de ‘el París siempre pidiendo pasta y luego mira los locales que se montan’. En nuestra opinión, un juicio absolutamente injusto, y muy minoritario también.

Fue el nuevo dueño de los locales antiguos el que nos dijo que los necesitaba para él. Nos metimos en un proyecto de compra de dos locales que hemos financiado a través de banca ética. Lo están avalando personas de la fundación con su propio patrimonio.

E.A. Hemos mejorado los presupuestos de alquileres que teníamos antes. Insistiría en la racionalización que el cambio ha supuesto, porque ahora estamos en dos locales, más centralizado.

¿En qué situación económica les ha dejado el cambio?


P.L. Hemos pasado 6 meses en una situación económica muy delicada. La falta de apoyo institucional nos ha llevado a una situación complicada, mirando todos los días la pela. Hemos aplicado una economía de guerra, en la que no teníamos garantizado ni el cobro de las nóminas. Afortunadamente, en el límite y con algún pequeño retraso, hemos podido pagar.

¿Hacia dónde camina París 365?

P.L. Estamos convencidos de que, a día de hoy, el gran problema es el empleo. La segunda parte del París 365 será una organización social, con conceptos de economía solidaria, que promueva emprendimientos sociales para esos segmentos de población que tengan más dificultades tras la crisis para acceder a un puesto de trabajo.
 

Itxi